CdM

Relatos Ci-Fi, Fantasía y Terror.

 

dianoche

Este relato surgió de un pergamino, un sol y una luna y  el titulo de los otros como reglas e ingredientes básicos para construir en una de las clases de narrativa fantástica en el Ateneu Barcelonés.  Espero que os atraiga la idea, me divertí mucho imaginando este mundo.

Los Otros

Antes solo hacían travesuras mientras dormíamos. Se comían nuestra comida, cambiaban de lugar nuestras pertenencias y robaban alguna que otra cosa. Tras un tiempo, lo extraviado solía aparecer. Ese día dejaron de hacerlo, no hubo más indicios de que nos visitaran. Quizás solo nos estaban estudiando, puede ser que calibraran nuestro potencial y decidieran que era el momento idóneo, o simplemente, algo pudo suceder en su tiempo, en la desconocida Noche y todo cambió.

Fue hace un mes, mientras buscaba semillas al amanecer vi un búho. ¡Un búho! Estaba dormido, en su letargo diurno, en las afueras del bosque. Me pareció un ser maravilloso, obviamente no tan bonito como mis palomas, pero sí majestuoso. Debió haber caído agotado por el vuelo, pues no se había resguardado en ningún nido seguro. Estaba allí, en un  recoveco  entre dos árboles. Demasiado expuesto. No es que me considere el mayor experto en la materia, pero ninguno de nosotros, los humanos del Día, había interactuado con animales nocturnos, aunque conocíamos su existencia y los hemos investigado. Nunca vivos, claro. Pero mi hallazgo no fue el búho en sí, sino lo que este custodiaba. Si ninguna criatura de la noche está consciente durante el día y viceversa: ¿Quién había puesto ese mensaje en su pata y lo había adiestrado para transportarlo? El nudo de sujeción era perfecto y firme, a mí solo me salen así una de cada diez veces. Al leerlo no dudé en llevar rápidamente el mensaje al jefe de la comunidad:

“Estamos cerca de encontrarla, todos los indicios apuntan a que es la auténtica. Con ella, la Noche por fin será eterna. Nuestro reino será perenne. Salve la Noche, abajo el Día.”

Lo que nos quedó claro al leerlo, es que era nosotros o ellos. La amenaza estaba corroborada. La siguiente semana fue un caos, aunque la noticia se mantuvo en secreto todos podían sentir que algo pasaba. Me pidieron llamar mediante paloma  a jefes de otras comunidades con urgencia  y que sobretodo tuviera especial cuidado en transcribir en clave. Se pidieron todos los informes de estudiosos de la Noche y sus criaturas. Casi todos acudieron a la llamada de la gran asamblea. La conclusión generalizada era que sabíamos muy poco de los Otros. Todo conjeturas. Gracias a mi hallazgo se había confirmado que conocían la escritura,  usaban nuestra misma lengua y estaban  a punto de encontrar algo que acabaría con nuestro tiempo para siempre, el Día.

En un principio se pensó que el artífice del mensaje nada tuviera que ver con nuestros traviesos visitantes nocturnos, pero sus visitas cesaron a los pocos días del descubrimiento. Asique era lógico pensar que al no recibirlo, empezaran a sospechar. Y más aún,  cuando observaran nuestros aumentos de protección en las comunidades y las urgentes construcciones defensivas que comenzaron esos días. Estos indicios hicieron solida la teoría de que eran ellos los dueños de ese mensaje y que hasta ahora solo nos estudiaban.  Desde ese momento,  aunque se mantuvo en secreto la teoría, la gente empezó a tener miedo a la Noche. Los aldeanos de a pie estaban aterrados porque ya no había nadie allí mientras dormíamos y los que conocíamos el por qué, teníamos miedo ahora que sabíamos que intenciones tenían y lo expuestos que estábamos.

Los expertos elaboraron un mapa con los enclaves donde era posible que los Otros se escondieran durante el día. Si les fue fácil llegar a nuestros hogares  durante todos estos años en su tiempo, la Noche, no debían estar muy lejos. Pero las teorías eran de lo más variado: invisibilidad,  gran velocidad para largas distancias, un reino sobre las nubes, un reino subterráneo…  Al final llegaron se pusieron de acuerdo con la teoría más  lógica: ellos caían en letargo el letargo del Día igual que el resto de seres nocturnos y tal y como nosotros, los diurnos caíamos en el de la Noche.  Hasta entonces, nuestro ego nunca nos llevó a pensar ni plantearnos que fueran una sociedad organizada y evolucionada.   La falta de restos nos podía haber llevado a preguntas y descubrimos que había estudiosos que habían dedicado su trabajo estos seres, pero los datos recopilados eran anecdóticos, la punta del iceberg.

El siguiente paso que dimos fue colgar un manifiesto a la entrada de nuestra comunidad, solicitando que se pronunciaran acerca de por qué habían dejado de visitarnos. Sin nombrar en absoluto la nota encontrada y dando el pie para un posible primer contacto negociador y cordial. A la mañana siguiente la nota estaba intacta. Pero en el tablón justo a la derecha habían clavado tres notas ensangrentadas. Tres notas que yo había escrito, para tres de los jefes que no habían acudido a la asamblea. Supusimos que mis pobres palomas fueron interceptadas en su descanso nocturno y los mensajes nunca llegaron a esos jefes de comunidad. Al menos nos dieron una pista para comenzar, con el destino de que tenían tres palomas y mis conocimientos de su adiestramiento  y vuelo, pudimos triangular en que puntos habrían hecho su descanso nocturno y dónde pudieron ser atacadas.

Los jefes de las comunidades decidieron enviar una partida de caza a  la desesperada. Con la intención de parar y destruir esa desconocida amenaza. Mediante mensajes paloma, los mejores cazadores y rastreadores llegaron a la comunidad. Aunque era un simple criador de palomas, me presenté voluntario a la expedición. Al jefe de la comunidad le pareció acertado incluirme en el grupo de guerreros y rastreadores. Me dijo que  era un premio por mi hallazgo, nos había dado esta ventaja táctica, que necesitaban de mis palomas para ir mandando informes y mis conocimientos para poder evitar que fueran interceptados.   Al resto de miembros del grupo no les debió parecer ninguna ventaja cargar con un debilucho como yo, a juzgar por las caras que pusieron al verme aparecer  con mi petate el día de la partida.

Llevábamos más de una semana  de marcha, de dura búsqueda y como mis compañeros habían supuesto, yo no tenía adiestramiento ni fondo físico para aguantar su marcha. El agotamiento físico era una realidad, me rezagaba en las marchas y les hacía perder tiempo. Casi estuve a punto de tirar la toalla y volver a casa,  cuando empezamos a encontrar restos de sus campamentos mal camuflados. Nuestro equipo tenía una obsesión en no dejar indicios de por dónde habíamos pasado.  Nos extrañó comenzar a encontrar: algunas pisadas diferentes, un trozo de ropaje para bajas temperaturas, plumas y excrementos de las aves mensajeras…  Gracias a estas sabíamos qué aves buscar. ¡Incluso encontré un borrador de una de sus comunicaciones!

“Está en nuestro poder, nos pide que la liberemos. Dice que estamos cometiendo un grave error. Según nuestras órdenes volvemos a casa, pero le pido que tengamos una reunión antes de…”

El mensaje incompleto estaba en un nido de búho tyto alba. Desde que descubrí esas plumas no dejaba de buscar los lugares favoritos de ese tipo de búho para anidar. Habíamos podido deducir que ellos también eran miembros de  una partida de búsqueda. Fueron a la caza  de ese algo que acabaría con nuestro Día. Nuestro único consuelo era alcanzarlos antes que llegaran a su hogar con esa arma definitiva. ¿Los Otros se estaban volviendo descuidados en su rastro por su inminente victoria o nos conducían a una trampa?  Éramos conscientes del peligro pero no teníamos elección. Sentíamos que el tiempo se nos agotaba.  Ya habíamos descartado casi todas las posibilidades de los enclaves planteados en la asamblea. Las pistas nos conducían  al helado bosque del  norte. Todo parecía indicar que ese era su hogar. Habíamos ido informando a nuestra comunidad escondiendo los mensajes de una manera especial ideada para la misión. En vez de anudar los mensajes en la pata del ave, ideé un sistema para camuflarlo bajo su plumaje más abultado, en el pecho. Contaba con un cordel de especial sujeción  que  no les molestaba en el vuelo. Así, en caso de ser descubierta o abatida, no podrían encontrar nuestras comunicaciones ni conocer nuestro avance. Esperaba que hubieran podido llegar a casa, sanas y salvas. Estábamos tan lejos… No las había adiestrado para esas distancias. Los nocturnos usaban búhos, yo palomas. Las había elegido como ave mensajera por su inmensa capacidad de orientación y su instinto para volver a casa. Las enviase desde donde las enviase confiaba en que sabrían volver.

Ya casi habíamos perdido la cuenta de los días cuando el ojeador del grupo descubrió unas manchas en la nieve. Sangre. El búho nival estaba moribundo, había sido atacada por algún rapaz de mayor tamaño. El letargo diurno le había llegado y se desangraba en la nieve.  Respiraba con dificultad. El grupo ya avanzaba por la ladera y me apremiaba a no perder tiempo. No podía salvarla. Acaricié con cuidado su bello pelaje. Me habría gustado tanto poder verlo volar. Entonces fue cuando lo descubrí.  Tenía el mensaje escondido en las plumas del pecho, tal y como yo enviaba mis palomas, no lo habría visto de no haberlo acariciado. ¡Habían aprendido de mí! ¿Quería eso decir que mis palomas habían sido interceptadas? ¿Estaría nuestra comunidad sin noticias? Iba a gritar avisando a la expedición pero  mi instinto me hizo esconder el mensaje.  Como si estuviera ahí para que solo yo pudiera encontrarlo. Solo yo debía leerlo.

“Estamos a una noche de llegar a casa,  nos ha explicado que la Noche depende del Día, que no hay Nosotros sin los Otros, que no debíamos activar su poder. Nuestro jefe ha decidido continuar, no me escucha, ni la escucha a ella. Se ha obcecado y va activar su poder. No creo que sobrevivamos. Te escribo a ti, a mí yo del día, al señor de las palomas. Lo siento, intenté avisarte pero ambos  hemos fracasado”.

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