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Relatos Ci-Fi, Fantasía y Terror.

exploradora 3

Este es un relato que tuvimos que escribir en la escuela de escritura del Ateneu de Barcelona,  eligiendo uno de nuestros miedos y fusionarlo al miedo de un compañero. Mi miedo era la amnesia y tuve que fusionarlo con la claustrofobia de despertar enterrado o en espacio pequeño y aprisionado.

Es mi primer relato en la escuela de escritura, espero que os guste.

Exploradora nº3

Me desperecé por tercera o cuarta vez, en esta ocasión tomé más consciencia de mi entorno. Abrí los ojos pero la obscuridad era absoluta. El espacio era minúsculo aunque confortable. Intenté empujar con las manos pero fue en vano. Ni mis pies ni mi cabeza tocaban los extremos pero no estaban lejanos. El miedo empezó a invadirme. ¿Había sido apresada? ¿Estaba cautiva?

Mi primer instinto fue un grito de socorro. Ningún sonido de respuesta. Mi segunda reacción fue patalear en el estrecho espacio y golpear con las manos para intentar salir de esa caja. Algo al contacto con mis pies accionó la luz. Me cegó completamente. La línea luminosa bordeaba de la parte inferior sobre la que estaba recostada. Cuando los ojos se adaptaron, no tardó mucho tiempo pues la luz era moderada, vi el compartimento. Empecé a sudar del pánico y el corazón se me disparó. Estaba en mi propio ataúd. Nadie me oiría, estaba enterrada viva. La lluvia de preguntas y dudas cayó sobre mí como una cascada de helada agua con una fuerza torrencial. ¿Cómo había llegado allí? ¿Desde cuándo estaba allí? Un tercer instinto me hizo mirarme las uñas de las manos y estaban anormalmente largas, el borde libre de la uña era más del cuádruple de la placa ungüeal, aunque algunas estaban quebradas por los golpes. ¿Cómo demonios sabía ese nombre? No conseguía recordar cómo lo sabía, busqué y busqué y no encontré ningún recuerdo acerca mí. Comencé a hiperventilar con el corazón desbocado. Fue en ese momento cuando se activó la voz.

—Tranquila, respira. Solo concéntrate en respirar. Te ofreciste voluntaria para un experimento científico. Eres una exploradora. Respira, no pienses, solo respira. Siente tus músculos relajarse. Tus manos, ábrelas. Suelta y recoge aire, despacio. Todo va bien.

Intenté concentrarme en esa voz que por alguna extraña razón me resultaba familiar. Mientras respiraba pude darme cuentas de tantas cosas que había pasado por alto, me estaba mordiendo las uñas y escupiéndolas a un lado. Tenía unas gafas nasales para suministrarme el oxígeno. El traje que me envolvía se adaptaba como un guante y parecía hecho de algún material termo radiante pues las partes que no cubría, manos, cuello y cara, estaban muy frías. Bien podía ser por el pánico, me dije.

Me comencé a sentir adormilada, la luz redujo su intensidad o así me lo parecía. Y el sueño inducido me llevó de nuevo.

Desperté angustiada en el mismo lugar para mi decepción. Pero ahora había avanzado un paso. Recordaba mi anterior ataque de pánico y la voz que me calmó. No empezaba de cero. No había luz.

¿Dónde estoy? Grité. ¿Cuándo saldré de aquí? Insistí.  Ahora me pregunto por qué era más importante para mí salir saber cuándo saldría y dónde estaba que quién era. Instinto de supervivencia.

La voz no  contestaba. Seguía dándole vueltas y más vueltas. Qué tipo de experimento me hacía estar en un ataúd, al menos no perecería asfixiada. Pero no había alimentos. ¿Cómo podría sobrevivir o aún más enigmas cómo había sobrevivido hasta ese momento?.  Patalee repetidas veces hasta que encontré el resorte de la luz.

Volvía a tener las uñas del mismo tamaño que la vez anterior, no podía dar crédito. Dude si las había mordido busque en el lecho los trozos y allí estaban. ¿Cuánto tiempo había vuelto a pasar? ¿Cuatro meses más?  A juzgar por una velocidad de crecimiento normal. ¿Cómo sabia eso? Mis conocimientos frente a mis nulos recuerdos me atormentaban.

Grite y grité, pedí y rogué que me sacaran de allí. Fuera quien fuera quien habló antes, yo no quería formar parte de esto, ahora ya no.  Y si era una locución grabada y se habían olvidado de mí. Y si nadie me observaba. No sabía cuánto tiempo había pasado pero volví a patalear en otro  ataque de ansiedad, pánico. La voz se activó.

—Tranquila, relájate, puedes sufrir una parada cardiorrespiratoria y dónde estas no podemos asistirte.

Esa voz conseguía calmarme… Era mi voz.

—Has grabado estos mensajes para ti misma. Aconsejaste al jefe de proyecto que te serían más eficaces en caso de pánico. No hagas esfuerzos por recordar, te has autoinducido la amnesia. El choque con la realidad a la que vas, podría provocarte tal impacto por la diferencia con nuestro mundo que te enajenara para siempre. Y necesitas toda tu lucidez para volver. En unos pocos minutos volverás a dormir, cada sueño ha sido de 5 meses. Solo este sueño te permite aletargar tus funciones vitales.

Miré mis uñas.

—La cabina en la que te encuentras te protege de las Arenas Interdimensionales en las que te enterramos. El traje sináptico está conectado a ella y controla tu ritmo cardíaco activando estos mensajes. Formas parte de uno de los más grandes experimentos de nuestra raza. Recopilaremos datos de una dimensión hasta ahora desconocida. Datos con los que la humanidad podrá avanzar enormemente en sus investigaciones. Pero sin tu ayuda esos datos no podrán volver. Tú no podrás volver. Queda poco tiempo. La próxima vez que despiertes podrás abrir la cabina. Y si los cálculos son correctos estarás a punto de hacer historia.  Al salir de la cabina debes levantar la cobertura del lecho donde estás no pierdas tiempo miles de sensores despegaran y están diseñados para activar sus homólogos en la Tierra que recogerán la información. Deberás tomar muestras de aire y de terreno con los depósitos que hallarás. Y sin perder ni un segundo metete de nuevo en la cabina y ciérrala. Esta se presurizará. Las Arenas Interdimensionales tardan apenas 5 minutos en rearmarse. Hay un cronometro bajo el lecho para asegurarte y se activara en cuanto abras la cabina. Tras esos 5 minutos las Arenas te absorberán de nuevo trayendo la cabina de vuelta a casa.  Puedes volver a escuchar este mensaje si pulsas dos veces seguidas el sensor de la luz. Mucha suerte exploradora nº 3.

Creó que lo escuche casi entero por cuarta vez antes de volver a dormirme. Intente resistir pero el gas me venció.

—Gracias Exploradora nº 3, el tribunal galáctico para el análisis de la misión Arena ID levanta su sesión. Se reanudará el próximo lunes.

Había repetido esos acontecimientos tantas veces desde que regresé.  Cada vez los relataba con más exactitud. El próximo día me harían explicar de nuevo lo que allí vi y ese sí que era un recuerdo digno de ser olvidado. Hasta entonces podía volver a dormir.

 

 

 

 

 

 

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